La Biblioteca del Bicentenario de Bolivia: entre el rescate y la creación

Comité editorial encargado de la selección de las 200 obras de la BBB

Amaru Villanueva Rance

La reunión que desencadenó lo que más adelante se bautizaría como la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia (BBB) tuvo lugar el 28 de mayo de 2014. Entre expectantes y curiosos, los invitados se reconocían y saludaban a medida que tomaban sus asientos alrededor de una larga mesa bajo candelabros colgantes. La diapositiva de inicio se limitaba a anunciar “los 200”, a modo de darle un nombre provisional a un proyecto aún en estado embrionario. Ciertamente no era la primera vez que el país se lanzaba a un emprendimiento editorial de este tipo. Entonces, como ahora, la BBB estaba lejos aún de haber reafirmado su trascendencia, prueba a la que será sometida durante el transcurso de las próximas décadas. Lo que sí derrochaba desde sus inicios era ambición: editar 200 de las obras más significativas para el país y publicarlas para su difusión masiva. A dos años y medio de la presentación de las dos primeras obras de la BBB, y con la perspectiva que trae ya no estar a cargo de la dirección del proyecto desde septiembre de 2017, en esta ponencia me enfocaré en los procesos de selección, edición y difusión que se han puesto en marcha hasta la fecha, así como de los desafíos a ser encarados en gestiones futuras.

Imaginarios del rescate editorial

Emprendimientos editoriales con un enfoque nacional se vienen ensayando en Bolivia hace aproximadamente un siglo. A pesar de no tratarse de una colección como tal, la publicación de Bolivia en el Primer Centenario de su Independencia, en 1925, marcaba una tendencia hacia el enciclopedismo, antes que el rescate. En un solo tomo de más de 5 kilos de peso, decenas de monografías y centenares de fotografías (entre paisajes y extensas galerías sociales) ofrecían un retrato a la vez sinóptico e idiosincrático del país. Tuvieron que pasar casi 15 años para que la Biblioteca Boliviana, con Gustavo Adolfo Otero a la cabeza, se propusiera retratar al país a través de sus letras. La Biblioteca del Sesquicentenario, impulsada en 1975 por el Comité Nacional, se propuso combinar la re-edición de textos con la tradición monográfica, a la que dedica 4 de sus 20 tomos. La Biblioteca Popular de Última Hora, dirigida por Mariano Baptista Gumucio, llegó al medio centenar de obras, pero superó ampliamente a sus antecesores en términos de difusión.

De alguna manera la BBB es una combinación de los distintos imaginarios que guiaron a estos proyectos. Como la Biblioteca Popular, busca tener un alcance masivo; como la Biblioteca del Sesquicentenario, es un proyecto de conmemoración republicana impulsado por el Estado; como la Biblioteca Boliviana, pone el énfasis en la reedición y el rescate; y como aquel gigantesco tomo fundacional, conserva un par de ingredientes monográficos. Pretende trascender lo ya realizado, tanto en dimensión como en formato, además de servir de motor para una política cultural donde puedan converger desde la educación hasta las artes.

Habemus lista

El proceso de selección de las obras que hoy forman parte de la BBB involucró largas plenarias a lo largo de seis meses, además de grupos de trabajo más reducidos, correspondientes a cada una de las cuatro colecciones del proyecto (Letras y Artes; Geografía e Historia; Sociedades; Diccionarios y Compendios). El evento de anuncio público de la selección oficial se realizó en el Palacio de Gobierno. Alguien que no pudo llegar a tiempo a la ceremonia preguntó entusiasmado si ya había humo blanco. Menos mal no salió humo: ni blanco, ni tricolor (cualquier señal de humo emanando del Palacio Quemado generalmente sería un vaticinio ominoso). Pero el pergamino presentado al Presidente Evo Morales, con la lista de 200 obras, plasmaba el consenso de los participantes en el proceso de selección y a la vez servía de homenaje (respetuosamente kitsch) a cierta solemnidad republicana. La civilidad de los miembros del Comité Editorial durante el acto hacía buen disimulo de las intensas discusiones sostenidas durante las etapas intermedias. Como era de esperarse, la polémica en torno a la selección se multiplicó luego del anuncio oficial, especialmente en la opinión publicada.

Respecto a las aparentes y numerosas “ausencias”, nos resta esperar a ver si algunas de ellas serán incluidas en alguna de las antologías que son parte de la colección. Llegué a pensar en ellas como comodines, frente a la comprensible imposibilidad de seleccionar un solo texto dentro de ciertos géneros o disciplinas. La elaboración de las antologías trasciende la labor de rescate o reedición, pues replica el proceso de selección de textos, implicando un cuidadoso (pero inevitablemente caprichoso y subjetivo) proceso de curaduría. Para cada uno de estos libros se nombra a un especialista a cargo de la selección, así como a un grupo de 2-3 asesores. Haciendo un cálculo de servilleta, en base a las 43 antologías que son parte de la lista, más de 100 personas adicionales se involucrarán en la selección y más de 1000 textos formarán eventualmente parte de la BBB.

La edición como perpetuo acto inconcluso

Gracias a su celebridad, una parte de las obras seleccionadas ya cuenta con numerosas ediciones en circulación desde hace décadas. Tal es el caso de Juan de la Rosa o La Chaskañawi que, al ser ampliamente utilizadas por maestros en la educación secundaria, vienen poblando estantes y mochilas a lo largo del país. Con el fin de no ofrecer re-ediciones que tan solo cumplan el rol de pedestres reimpresiones, la BBB se propuso publicar todas las obras con estudios introductorios inéditos.

Al ser textos de interés especializado, otros títulos son de acceso más restringido. Algunos de estos cuentan con buenas ediciones, más o menos recientes, como el caso de Qaraqara-Charka (Plural), cuya publicación podría diferirse un tiempo para no competir con publicaciones aún en vigencia. Pero un gran número de los títulos seleccionados apenas se podían encontrar en puestos de libros usados, típicamente resguardados por recelosos rescatiris. Otros ni siquiera han sido traducidos al castellano, como No longer nomads o Negersklaverei und Negerhandel in Hochperu 1545-1640.

Indistintamente del libro en cuestión, en todos los casos se viene realizando una labor editorial puntillosa, que en muchos casos llega a superar el esfuerzo invertido en la edición de una obra inédita. Me detendré brevemente en tres ejemplos para ilustrar este punto. En el caso de La lengua de Adán, fue durante el cotejo que un editor advirtió la ausencia de alrededor de 80 párrafos respecto a la edición original de 1888, que en algún momento durante la elaboración de las ediciones posteriores (1939, 1972) se habían desvanecido. Por esta razón, no se trabaja únicamente en base a una revisión superficial de cada texto digitalizado, sino mediante una comparación sistemática con las distintas ediciones a las que se tiene acceso. En el caso del Informe sobre Bolivia de 1827, realizamos una solicitud a los Archivos Nacionales británicos para recibir un facsímil digital del texto original. Tratándose de un texto en inglés escrito a mano, la labor de cotejo fue por sobre todo paleográfica, y permitió rescatar ciertos diagramas inéditos. Finalmente, Hans van den Berg, a sus 81 años, viene realizando monásticamente una reedición de la Coronica Moralizada del altoperuano Fray Antonio de la Calancha, labor que le habrá tomado casi tres años cuando la concluya en 2019. Se vale de su manejo de varias lenguas y una vasta bibliografía mental para precisar cada una de las más de 900 citas y 1.500 referencias que contiene la obra. Se ha autoimpuesto la limitación de trabajar únicamente en base a ediciones existentes antes de 1639, para asegurarse que el autor pueda haber tenido acceso a ellas. Dado el costo que involucra esta tarea y el público especializado que hará uso de esta obra, está claro que emprender un trabajo semejante a partir de una editorial privada sería económicamente inviable.

Distribución cuantitativa, difusión cualitativa

Luego de una serie de pasos de producción editorial, que alguna vez disgregamos en alrededor de 80 etapas (bordeando en lo obsesivo-compulsivo, para no renunciar a la búsqueda del mítico y elusivo texto sin erratas), los libros se envían a imprenta con una larga lista de exigencias técnicas. Los requerimientos incluyen, chinchosamente quizá, pantones particulares para las portadas –como complemento a la cuatricromía–, el diseño de la chapitela, y una serie de elementos que apuntan a obtener ediciones digamos que de lujo. El encuadernado, refilado y engomado se revisan por una persona cuya tarea sisifesca consiste es verificar la calidad de la impresión para cada libro, entre las decenas de miles que recibimos cada año.

Uno de los desafíos recurrentes (por no decir deficiencias tradicionales) para el Estado ha sido la distribución editorial. Cuando se publicaron las primeras dos obras de la BBB en diciembre de 2015, nos encontramos frente a la siguiente paradoja: los libros gratuitos tienen una difusión más limitada, e incluso una valoración menor por parte de lectores. Obtenerlos frecuentemente involucra asistir a un evento masivo, o enviar una carta membretada solicitando una donación para fines institucionales. Además, un libro gratuito suele venir acompañado de una leyenda que prohíbe su distribución comercial. Afirmar que las librerías estarán entre los primeros lugares donde cualquier persona razonable acudirá en busca de un libro es una perogrullada, pero no está de más recordarlo. No existe una normativa estatal para ventas por consignación, modalidad empleada por la mayoría de las librerías en Bolivia, motivo por el cual tuvimos que crear un procedimiento institucional para este efecto. En fin, la BBB resolvió poner a la venta sus libros en ediciones de alta calidad y a precios accesibles, y no nos cansamos de decir que el lector simplemente paga por el papel y la tinta.

Una vez impresos y puestos a la venta, hemos procurado donar colecciones de publicaciones de la BBB a colegios y bibliotecas en todo el país, además de realizar presentaciones en localidades que tradicionalmente no han sido parte del circuito metropolitano de circulación editorial, incluyendo Sorata, Llallagua y Guayaramerín. Como Mahoma y la proverbial montaña, la consigna ha sido llevar a los libros donde está la gente, en vez de esperar que asistan a eventos acartonados con canapés y vino de honor. Las presentaciones en vía pública, con proyecciones audiovisuales sobre la fachada de edificios patrimoniales, se han convertido en una marca de la BBB. Cumpliendo su parte, centenares de personas asisten a estos actos, inundando plazas y calles en todo el país.

También nos propusimos llegar a bibliotecas internacionales, en colaboración con embajadas bolivianas de México, Perú, Cuba y Reino Unido, mediante las cuales pudimos participar en importantes ferias. Producto de estas distintas estrategias, a la fecha se han distribuido más de 65.000 ejemplares.

A las labores de difusión sumamos un proyecto denominado “Lenguajes que Leen”, que busca crear puentes entre las distintas expresiones culturales que acompañan a la palabra impresa. Esto incluyó la musicalización de la poesía de Roberto Echazú y la puesta en escena de Cartas para comprender la historia de Bolivia. Más recientemente realizamos un concurso que invitó a cineastas a que realicen cortos en base a la Antología del cuento boliviano. La estrategia de difusión por tanto no solo se enfoca en el volumen de obras distribuidas, sino en el impacto cualitativo de los procesos de lectura, tanto a nivel individual como colectivo.

En 2016, como parte de un programa piloto para llevar la BBB a las aulas, produjimos guías de lectura para las dos primeras obras publicadas, y capacitamos a más de 30 maestros en distintas unidades educativas para que incluyan estos textos en sus procesos de enseñanza. En 2017 impulsamos la firma de un convenio con el Ministerio de Educación para que obras de la BBB sean incluidas en la currícula educativa.

También hemos intentado acompañar al proyecto con una estrategia comunicacional que permita que se conozca en los cuatro suyos y más allá. El CIS y la BBB llevan casi 800 apariciones en medios (prensa, radio, televisión) desde inicios de 2015, año en que empezamos a llevar la cuenta.

La BBB en presente continuo

Releyendo los últimos párrafos, tomo consciencia de que algunas de estas palabras podrían sonar a informe de gestión plurianual. Luego recuerdo que es justamente la tarea que se me encomendó al invitarme a dar esta ponencia, y en consecuencia cerraré con algunos de los desafíos para el presente y futuro de la BBB.

Antes de siquiera haber empezado la edición de las obras (o de contar con recursos para el proyecto), nos habíamos imaginado la meta de publicar toda la colección hasta 2025. Al ritmo de publicación actual, es probable que esta labor tome más años, y no solo porque la tercera parte de la colección ni siquiera existe aún. Frente a la presión, a veces administrativa, de agilizar la entrega de títulos, nuestra rotundidad ha sido no publicar nada hasta que esté genuinamente listo. Optar por la calidad antes que la cantidad, ha sido una decisión consciente. No creo en las “ediciones definitivas” como tal, pero espero que los libros que van saliendo tengan una longevidad que se mida en décadas en vez de años.

Hay obras en la lista que debo confesar me han provocado escalofríos, al solo imaginar el esfuerzo que requerirá su publicación. Armar un Vocabulario de lenguas indígenas supondrá una enorme tarea de investigación, considerando que a la fecha no existen buenos diccionarios siquiera para cinco de ellas. Lenguas como el canichana, que de acuerdo al último contacto etnográfico contaba con tres ancianos semihablantes, nos enfrentan a la posibilidad de una tarea de rescate lingüístico que podría quedar para siempre inconclusa. O tomemos la Historia general de Bolivia, que se remite a una obra inexistente, frente a la imposibilidad del Comité Editorial de decidir entre las versiones de la familia Mesa, o la de Herbert Klein, (aunque no se había considerado la colección de la Coordinadora de Historia). O retornando a la obra con la que inicié esta ponencia, Bolivia en el primer centenario de su independencia, nos sigue dando vueltas cómo publicar un libro de este tipo sin romper las dimensiones y lineamientos gráficos establecidos a la fecha. Una edición facsimilar podría ser un atajo, pero limitaría su distribución en formatos digitales contemporáneos.

La BBB fue impulsada desde distintos ámbitos, pero darle el arranque inicial dependió claramente de una voluntad política e institucional. Frente a la incertidumbre que trae el no poder imaginar quién podría estar a cargo de la Vicepresidencia de 2020 en adelante, solo podemos anhelar que el proyecto continúe siendo una prioridad estatal. Hasta entonces, nos resta agradecer la colaboración diversa que han hecho posible llegar a donde estamos hoy, independientemente de cualquier afinidad o antipatía partidaria. Esto es digno de celebrarse.


Amaru Villanueva Rance es parte del Consejo Asesor de la BBB
Ponencia presentada en la Feria Internacional del Libro de La Paz 2018


 

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