Domitila

Por *Xavier Albó.

Fragmento del texto introductorio a Si me permiten hablar… reeditado por la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia.

Domitila es, por mucho, la más célebre de las mujeres mineras de Bolivia en todo el mundo y su libro testimonial Si me permiten hablar… es, probablemente, el libro de autor boliviano (aparte de libros religiosos y textos constitucionales) que más ediciones, reediciones y traducciones ha tenido[…].

Paradójicamente, en Bolivia no había tenido ninguna edición (salvo las incontables piratas). Una vergüenza y un bochorno imperdonables.

Recién en 2016 se hizo la primera publicación, con el Ministerio de Culturas.[…].

Y ahora, con su publicación en 2018, ha tenido un reconocimiento más global dentro de Bolivia, como uno de los 200 libros más representativos del país que deberían estar en toda biblioteca y unidad educativa pública, y que todo boliviano debería poder leer. La selección estuvo a cargo de un grupo de personajes calificados para ello, con motivo de los 200 años de Independencia, dentro de la serie Biblioteca del Bicentenario de Bolivia (BBB). Se han impreso varios miles para que haya también un buen saldo para vender a precios módicos. Por fin Bolivia se ha recuperado de aquel bochorno imperdonable.

¿A qué se debe ese gran éxito? En mi opinión, a la confluencia de varios factores. El primero es su carácter pionero de literatura testimonial de líderes populares […].El segundo es todo el discurso y personalidad de la propia Domitila, como mujer y esposa, como dirigenta y como madre minera.

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Domitila era ante todo sindicalista y muy cercana al dirigente Federico Escóbar […]. Significativamente, pese a sus 17 largos años en Pulacayo, Domitila tampoco habla de la Tesis de Pulacayo cuyo borrador, en gran medida reproducido en el documento final aprobado, era de Guillermo Lora.

Allí, en Pulacayo, atrapó a la familia Barrios la Revolución del 52 (siguieron ahí hasta 1957, según dice la propia Domitila cuando habla de su vida en esa mina a Moema Viezzer.

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Domitila retornó a la mina Siglo XX hacia 1957, donde siguió, junto con su esposo, René Chungara, en medio de todas las peripecias político-sindicales de aquellas décadas, y bastante absorbida, desde 1964, por su papel de dirigenta del Comité de Amas de Casa (CAC), en el que siguió durante tantos años.
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El cambio más relevante de esta historia fue la transformación de Domitila en la principal dirigente del CAC […]. Este proceso es evidente en todo el libro.

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El episodio más dramático en que se puede ilustrar […] es cuando perdió a su wawita, que ya estaba a punto de nacer, por los golpes y patadas que sufrió estando detenida en Oruro. […] La wawita nació pero ya muerta en medio de esas pateaduras, sobre todo las del joven hijo de un coronel […].

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Otro cambio estratégico significativo, que Domitila fomentó en su larga gestión como dirigenta del CAC, fue la mayor compenetración entre las amas de casa y la flamante Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia (APDHB), creada en 1976, después de que el presidente Banzer clausurara la anterior Comisión de Justicia y Paz (CPJ) que Eric de Vasseige había fundado unos años antes.

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La culminación de todo ese proceso fue la célebre huelga de hambre de fines de diciembre 1977 hasta la segunda quincena de enero 1978, como una respuesta a la pseudoamnistía con la que Banzer estaba burlando los intentos del presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, para enfrentarse a la Unión Soviética y otros países de su órbita, presentándose como paladín de los derechos humanos […].

Las cuatro primeras mujeres mineras que iniciaron la huelga de hambre fueron: Nelly Colque de Paniagua, Angélica Romero de Flores, Aurora Villarroel Lora y Luzmila Rojas Pimentel. La empezaron junto con sus 14 hijos en un piso del Arzobispado de La Paz. […].

Pocos días después, al mediodía del fin de año (31 de diciembre de 1977) en la sala de visitas del periódico Presencia, se les unió Domitila, sin sus hijos, en el grupo de apoyo de la APDHB. Para conformarlo, sus 11 participantes barajaron varios criterios: uno, más coyuntural, fue sustituir a los niños, que siguieron junto a sus madres, pero alimentándose. Otro, más estructural, fue asegurar que la huelga de hambre seguía y se expandía después de los feriados de Navidad y Año Nuevo. Tercero, que el grupo fuera representativo de diversos sectores, dentro de lo que cabe en un grupo de sólo 11 personas.

[….]

Esa huelga de hambre pretendió recuperar la seriedad y la credibilidad de las huelgas de hambre, sin trampas…

Para mí mismo, esta huelga de hambre es uno de los episodios más llenos de sentido de mi propia vida. Yo había entrado un poco de rebote, para que Lucho Espinal, que fue sin duda el principal orientador de ese primer grupo de apoyo, no se sintiera tan solo. Yo acababa de llegar de México, de donde traje el primer ejemplar de la primera edición de Si me permiten hablar…

Se lo pasé en seguida a Domitila, que lo devoró y en seguida me dijo con satisfacción: “Está muy bien”. A ella le habían llenado la cabeza con que Moema o los editores tal vez habrían cambiado cosas a su arbitrio. En la nota aclaratoria y la siguiente entrevista de Moema y Domitila en 1978 –que después se han mantenido en la mayoría de las ediciones y traducciones posteriores, aunque no en la edición de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia pues ya se las da por innecesarias–, Domitila manifiesta su conformidad con lo publicado.

[…]

Por primera vez en plena dictadura hubo huelgas y protestas abiertas; y en este contexto, se produjo también la huelga de hambre, a la que la parte IV este libro dedica una sección.

En 1978 Domitila fue la primera mujer (y además minera) candidata vicepresidencial en Bolivia, formando binomio con el candidato a presidente –el dirigente campesino Casiano Amurrio– en el hoy extinto Frente Revolucionario de Izquierda (FRI).


(*) Xavier Albó es Sacerdote, lingüista y antropólogo jesuita.
Artículo publicado en el suplemento ‘Letra Siete’ del periódico Página Siete. Domitila.  (Agosto. 19, 2018)


 

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