Más allá del barroco mestizo

El director de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia escribe sobre la investigación Iconografía y mitos indígenas en el arte de Teresa Gisbert, que se presentará el próximo 14 de febrero.

Eduardo Paz Gonzáles

Amalgama y fractura

Dos figuras literarias son comunes en la interpretación de la cultura del país. Por un lado la metáfora de la amalgama, que sugiere que nuestra cultura es una síntesis de dos herencias primordiales, una hispana y la otra indígena. Encuentro que, más allá de los hechos de la conquista, se daría en condiciones de intercambio y conciliación.

La metáfora de la amalgama es, en el fondo, una variante organicista de interpretación del país; induce a pensar a una colectividad que, debajo de distintos ropajes, es esencialmente una.

Por el otro lado está la metáfora de la fractura. La “fractura”, a diferencia de la “amalgama”, señalaría el lugar en el que la sociedad boliviana está escindida, un lugar en el que persiste una herida. Esta perspectiva enfatiza la existencia de una brecha que separa los grupos existentes en el país en al menos dos frentes que devienen trincheras. La idea de las “dos Bolivias” es, desde luego, una de las manifestaciones contemporáneas más vigorosas de esta idea. La fractura es una forma interpretativa que favorece lo contencioso y el conflicto.

Frente a estos dos tropos, arquetípicos de nuestras ciencias sociales y humanas, hay un conjunto diverso y rico de perspectivas que procuran superar el esquematismo. Uno de estos trabajos es Iconografía y mitos indígenas en el arte de Teresa Gisbert (Biblioteca del Bicentenario de Bolivia, 2018). Lo anterior puede resultar sorprendente por las interpretaciones difundidas de la idea de “barroco andino”, que a primera vista sugerirían que se trata de una forma de expresión que funde en un producto nuevo las tradiciones hispánicas y las indígenas. En esa línea, el trabajo de Gisbert sería una variante del tropo de la “amalgama”. Al examinar Iconografía… se puede advertir que el análisis es más complejo y con muchas más aristas de lo que reporta una mirada rápida.

Iconografía… trata sobre distintas maneras en que la plástica y la arquitectura del periodo colonial se contagiaron de elementos indígenas. El arte colonial se presta para la aparición de elementos indígenas así como para la modificación de representaciones canónicas en el contexto andino. El arte como práctica estética y de representación, se presta a juegos de polisemia en cuanto un santo puede ser interpretado como una deidad precolombina así como se da pie a una dinámica de poder y memoria en cuanto aparecen genealogías de reyes e incas entrecruzados.

A lo largo de 300 páginas, Gisbert explora mitos, formas de representación, las marcas de ideas políticas dejadas en la plástica, la emergencia de un estilo singular y las vías de comunicación entre lo erudito y lo popular en los siglos del XVII al XVIII.

Dos ejemplos ilustrativos

Me detengo en dos ejemplos para enfatizar la complejidad de la relación entre grupos sociales en la colonia.

1) En un pasaje de su libro, Gisbert se detiene en analizar la cuestión de los “caciques donantes”. Estos caciques, parte de los indios y a la vez parte del gobierno colonial indirecto, se encontraban en posición social privilegiada. Si bien subordinados al poder colonial, eran funcionarios con ascendencia sobre comunidades, otros caciques y con posibilidades de comerciar. Gisbert muestra que, siguiendo una pauta proveniente de la edad media, los caciques financiaban obras religiosas en las que se hacían retratar como súbditos de las figuras centrales.

La obra de arte se ajusta al canon religioso a la vez que se convierte en espacio de representación del poder. Aquí los caciques, parte del orbe indio, asimilan gestos de prestigio desde su propia posición de privilegio. No dejan de ser parte del mundo indígena y sin embargo tienen la influencia que les permite lucir emblemas de nobleza de una vertiente hispánica. Esta práctica, muestra la misma Gisbert, no fue propiedad exclusiva de la alta cultura, sino que permeó -con sus propias limitaciones técnicas- en el arte popular.

2) En el análisis sobre mitos indígenas, Gisbert aborda la cuestión de Tunupa y los senderos que recorre en la iconografía colonial. La cuestión es farragosa desde el inicio: los cronistas tienen diferentes versiones del rol y personalidad de Tunupa. Algunos lo identifican con Viracocha mientras que otros afirman que es el enviado de éste; es descrito como rebelde, blasfemo, fiel, piadoso, etc, un bouquet diverso. Siendo una deidad pre-Inca pasa por interpretaciones tanto incaicas como españolas. Entre estas últimas hay una divergencia ya que si en principio se identificó a Tunupa con San Bartolomé, los jesuitas impulsaron que la identificación sea con Santo Tomás. Igual que con otras figuras, hay representaciones e interpretaciones eclesiales del mismo modo que circulan versiones populares.

Como señala la misma autora, los abanicos de sentidos asociados a Tunupa permiten variaciones muy grandes en su apropiación. Para algunos perfectamente puede ser Tunupa y San Bartolomé a la vez como bien puede ser solo uno sin confundirse con el otro. Esa es la clave de la cuestión: hay una ampliación de las interpretaciones posibles en las que conviven distintas tradiciones sin establecerse una versión canónica. ¿No es ese el efecto que en general se advierte sobre nuestra cultura: la ampliación de los abanicos de sentido y el establecimiento de dinámicas de poder por definir ese sentido? No es una imagen apacible porque hay una disputa por el sentido, pero es una disputa que se da en un terreno común.

El estado de investigación de la época en que se publicó por primera vez Iconografía… (1980) llevaba a partir del presupuesto de dos culturas -una indígena, una española, ambas como bloques monolíticos-. Sin embargo es posible acercarse al texto en toda su riqueza y plantearse, a partir de los razonamientos y el recorrido de Teresa Gisbert, modelos más complejos de interpretación que excedan las miradas de la amalgama y la fractura. La polisemia, la contienda abierta o subterránea por los significantes, las formas negociadas y contenciosas de representación se abren como elementos de una dinámica cultural que es la nuestra.


Eduardo Paz Gonzáles es sociólogo y director del Centro de Investigaciones Sociales
Nota publicada en suplemento Letra Siete del periódico Página Siete. Más allá del barroco mestizo. (Febrero. 3, 2019)


 

Comparte esta Noticia

Comentarios