Moema Viezzer: “Domitila dejó el mensaje de que pueblo debe fiscalizar al poder”

He querido devolver la palabra de Chungara al pueblo al que ella entregó su lucha para defender la democracia, asegura la biógrafa de la célebre minera.

Liliana Carrillo V. 

La última vez que Moema Viezzer habló con Domitila Barrios de Chungara -en 2010, dos años antes de su muerte- la luchadora minera dejó claro su mensaje: Hay que fiscalizar el poder para defender la democracia. “He querido devolver el testimonio de Domitila al pueblo al que ella entregó su lucha”, asegura hoy la pedagoga brasileña que esta semana presentó la edición boliviana del emblemático libro testimonial Si me permiten hablar, publicada por la Biblioteca del Bicentenario.

Moema acaba de cumplir 80 años, dos años menos de los que tendría Domitila si hubiera vencido a la muerte en 2012. “Yo aprendí mucho de ella, de su conciencia de clase, de su valentía y de su compromiso que iba más allá de lo político y se enfocaba en la vida”, resume la biógrafa, quien en 1977 plasmó el testimonio de Chungara en Si me permiten hablar.

La obra -que replica la voz de la mujer minera, madre de siete hijos, que encabezó la huelga de hambre contra la dictadura de Banzer- se tradujo a una decena de idiomas. Paradójicamente, no se publicó en Bolivia sino hasta 2016 y durante décadas fue uno de los libros más pirateados.

La segunda edición nacional, que se suma a la Biblioteca del Bicentenario, fue presentada el miércoles en el Museo Comibol de El Alto, con una dramatización teatral, exposición de fotos y la participación de la autora. “Me emocioné mucho en el acto, sé que Domitila estaría feliz”, evalúa Moema un día después.

Viezzer conoció a Chungara en 1975, en la Tribuna del Año Internacional de la Mujer que se realizó en México. “Me impresionó su discurso, su claridad y su determinación”, recuerda la pedagoga brasileña que para entonces estaba exiliada en el país azteca. Esa primera charla se multiplicó en decenas de entrevistas con Domitila durante décadas.

“Un encuentro importante fue en 2002, cuando conversamos en Cochabamba y ese diálogo se incluye ahora en el libro de la Biblioteca del Bicentenario”, refiere Moema. Para entonces, Domitila había regresado de su exilio en Suecia y vivía en la calle Derechos Humanos de la Llajta “en la casita que se había comprado con los derechos” de la primera edición de su testimonio.

“De ser una dirigente de las mujeres mineras, que dirigió protestas de denuncia incluso en Europa donde denunció la dictadura de García Meza estando exiliada, se convirtió en una vecina, una madre sencilla”, recuerda su biografa. En 2002 Domitila hacía salteñas para mantenerse en Cochabamba. Había recuperado el quechua para comunicarse con sus vecinos.

La última vez que Viezzer se encontró con Chungara fue en 2010, en la Cumbre de Tiquipaya, de Cochabamba. “Ya estaba mal de salud pero tenía la lucidez de siempre”, recuerda la escritora. “Entonces el proceso de cambio era aún muy nuevo. Ella estaba esperanzada en el gobierno pero estaba segura que había que fiscalizarlo”, cuenta.

Se despidieron entonces sin saber que sería su último encuentro. “Me dijo chau, hermana -porque ella me decía así. En muchos años hicimos una gran amistad”, asegura la pedagoga que está convencida que la palabra de Domitila sigue viva.

“Para ella fue siempre un principio defender la democracia. Y en estos tiempos vemos cómo hay amenazas a la democracia en la región. En Brasil, está la ultraderecha de Bolsonaro que viene después de Lula que si bien es un referente plantea la pregunta de que si un presidente debe quedarse tanto tiempo. Lo mismo pasa aquí con Evo Morales”, reflexiona.

Feminista como Domitila, Viezzer considera que en los últimos años el aporte de la mujer, “que siempre ha sido fundamental en la política y todos los ámbitos” finalmente adquiere reconocimiento público. “En contraparte -asegura- vivimos tiempos de odio donde cada vez hay más feminicidios o es que finalmente se hacen públicos estos crímenes”.

Madre, abuela y esposa, Moema se declara “una enamorada de Bolivia”, país al que visitó muchas veces desde hace medio siglo. “Todavía tengo mucho que aprender, por ejemplo, de la filosofía del vivir bien. Que es en el fondo la búsqueda de la armonía del ser humano con su entorno, que ya no es el ayllu sino el cemento”, comenta.

“Me voy feliz porque siempre quise que el libro tenga una difusión especial en Bolivia y ahora como parte de la Biblioteca del Bicentenario, se valora el testimonio de Domitila. Ella fue una mujer valiente como muchas bolivianas que desde la clase trabajadora denunció la situación de los mineros y defendió la democracia”, recalca Moema. Y finaliza: “Fue un privilegio poder ver lo que logra una mujer perseverante y valiente”.


(*) Liliana Carrillo V.  es periodista.
Nota publicada en el periódico Página SieteMoema Viezzer: “Domitila dejó el mensaje de que pueblo debe fiscalizar al poder” (Diciembre. 2, 2018)


 

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